sábado, 11 de mayo de 2019

Cuando lo poco, se convierte en el todo

Estoy plenamente convenida de esta idea “lo poco, puede convertirse en el todo”. Enfrascados en grandes proyectos e ideas, descuidando aquellas cosas básicas, aquellas que realmente nos hacen felices. ¿Cuáles? Normalmente son pequeños gestos que encontramos diariamente, aunque a muchos pasen desapercibidos. El sol calentado nuestro rostro, el sonido de la lluvia, la risa de un niño, el abrazo de dos personas que se aman, la naturaleza, un encuentro fortuito, una bebida refrescante, un descanso reparador, quince minutos de meditación, apoyar a alguien, etc.

Hay una cosa, quizá preocupante, y es que dentro de esos grandes proyectos e ideas, no se contempla la idea, de que quizá ya no estemos si llega el momento. Antes de proseguir, me gustaría dejar claro, que no soy contraria a tener objetivos, sueños y metas, de hecho, creo que son necesarios, y fundamentales y que responden al “para qué” de cada uno de nosotros.  Aquello, que trato evitar es la búsqueda del resultado, la idealización de la meta lograda, la vida feliz que preveo cuando alcance o tenga tal cosa o tal otra.  ¿Por qué? Mientras engaño a mi mente y la ocupo es esos quehaceres, la vida pasa, y yo, sigo pensando en eso que voy a conseguir, frente a lo que hago y siento. ¿Qué ocurre si no consigo el resultado esperado? ¿Si mi expectativa no se ve satisfecha? Probablemente tendré  sensación de fracaso, de esfuerzo inútil, de desesperanza. Sin embargo, si el planteamiento es experimentar el proceso, es ilusionarte con cada una de las cosas que realizas, disfrutando y sabiendo que quizá sirvan para ese objetivo final, o quizá no, pero da igual, porque esa única acción, de forma aislada es poderosa,  y nos permite VIVIR. 

Desde mi visión de las cosas, no es conformismo, es sentir y actuar de un modo pausado, con conexión y en un contexto que para cada uno tiene sentido, ya que le une a sus metas vitales. Insisto, con el convencimiento de que si esas metas no se alcanzan, tus sentimientos, pensamientos y acciones te habrán conducido a otro lugar, en el cual también puedes ser tú, ser mejor, aportar más.
Hoy, he hecho un acto irrelevante, dar un paseo por un pequeño pueblo, al que pertenezco, pero al que hacía tiempo que no miraba, que no experimentaba. He ido de la mano de una gran persona, mi madre, y por ello, el momento es todavía más especial. Ver las vidas dentro de cada una de las casas, las flores que dan la bienvenida a los visitantes, el olor que se colaba por las ventanas atrayendo a los paladares más exquisitos, la grandiosidad en deterioro de algunas de las casas, letreros que casi nadie lee, y un sinfín de sensaciones, han formado parte de mi  y nuevamente, me he sentido conectada y alineada a mi sueño, por mi para qué. (Podéis leerlo aquí). Este es un claro ejemplo de “ lo poco, puede convertirse en el todo”.

El psicólogo cognitivo Anthony de Mello,  empleaba la palabra “BASTANTIDAD” para definir el estilo de pensamiento de las personas emocionalmente fuertes. La “BASTANTIDAD” consiste en darse cuenta de que los seres humanos necesitamos muy poco para estar bien. Es decirnos, “ya tengo bastante” en cada momento de nuestra vida.  Estas palabras, las recoge el prestigioso  psicólogo Rafael Santadreu en obra “Las gafas de la felicidad”. La “BASTANTIDAD”, se aplica a lo material e inmaterial indistintamente. En general, casi todo el mundo está de acuerdo, en que muchas personas en occidente, tenemos más de lo que necesitamos, y por ello, somos capaces de prescindir de una prenda nueva que nos apetece, un coche de gama superior, o un colegio privado para nuestros hijos. Sin embargo, con lo inmaterial, nos resulta mucho más complejo decir “ya tengo bastante”. En general, queremos, más sabiduría (nunca es suficiente), más tiempo libre, más admiración y amor de los demás, una salud más fuerte, pensamos que un segundo hijo será mejor, etc.  ¿Cómo saber parar, y darnos cuenta, de que “ya tenemos bastante”?

Lo poco, puede convertirse el todo, sabiendo que aquello que tenemos, con todas su imperfecciones, es lo que necesitamos. Lo óptimo para ser felices, y también para dar los pasos hacia su conquista. Darle valor a cada una de las pequeñas grandes cosas materiales e inmateriales, nos acercará a la plenitud, a la bondad  y al bienestar. 

Y TÚ, ¿APLICAS LA BASTANTIDAD? ¿LO POCO,  SE CONVIERTE EN EL TODO TAMBIÉN PARA TI?